Te voy a contar un cuento....

Sentada en el gacebo de nuestro jardín me quedé anoche leyendo... Era un libro donde se contaban historias preciosas, de seres que habitaron Aradia en sus viejos tiempos.
Cuenta la leyenda que un príncipe vivía en esas tierras, era un gran príncipe, de los de rancio abolengo, venido de tierras lejanas. Se enamoró de aquellos parajes, y allí fundó su hogar. Llevó consigo a toda su corte, y se instalaron en un gran castillo, levantado con muros de ilusión. Poco a poco dieron forma al que era su hogar, en los terrenos colindantes se instalaron unos amigos... que decoraron todo su dominio acorde a una misma estética... Y el lugar quedó precioso.
Pero a lo lejos, el príncipe tenia la sospecha de que algo pasaba... una mancha negra acechaba su dominio... Y el tiempo no tardó en darle la razón.
No sirvieron de mucho los esfuerzos para mantener a sus seres queridos fuera del alcance de esa amenaza. Hasta que llegó el día que fue inevitable... y se rindió.
Alguien le vió como se sentaba junto al río a escribir una nota que dejó clavada en el árbol de los guerreros.
Decía así:
"En su bolsa de tela, fue recogiendo la noche anterior sus enseres, ramas de sauce para encantamientos, cenizas de oscuras procedencias, trozos de tela y hebra de tejido que fue trenzando a lo largo de mucho tiempo, previo encantamiento, para proteger a sus seres queridos, algunos recuerdos que le ayudarían a recobrar alguna forzada sonrisa que se impusiese al amargor del nuevo fracaso.
Con gran dolor fue deshaciendo las barreras de mágica protección que había erigido en los 4 puntos cardinales del dominio, pues si bien resultaron exitosas contra ataques de moradores de la noche, no tanto lo fueron ante el avance de la realidad, aquella que siempre supo que volaba en círculos sobre sus tierras como ave carroñera presta a lanzarse sobre su objetivo al mínimo síntoma de debilidad.
Su sodalicium había ido perdiendo uno a uno los pilares sobre los que se sustentaba, perdió a los guerreros, perdió los cazadores, perdió a los estrategas, perdió a quienes alimentaban los ánimos, perdió los nonatos y sólo junto a él quedaron los que levantaban los muros, los que más lucharon junto a él, pero miro a su alrededor y no vio quien moraría entre esos muros.
 
Y su congoja creció de tal forma que llegó a las mentes de los señores de Ceorix, aquellos que perdonaron las ruinas de su primer principado y que no perdonarian un nuevo desastre.
 
Por mucho que hicieran, por mucho que lo desearan y lo quisieran, él siempre dijo que no se dejaba engañar por los espejismos del camino, siempre vió como la realidad se iba torciendo, y lo que más le dolía, no hizo lo suficiente por corregir el negro destino que avanzaba hacia todo lo que amó."


Y desapareció entre la niebla.... Cuentan que ahora habita en un paraje donde los vampiros cazan a sus anchas... Otros le han visto vagar por los terrenos abandonados cual alma en pena... Yo tengo la ilusión de que esté donde esté todavía velará por todos nosotros... Por ello me postraré ante su monumento y rezaré una oración. Va por ti, Príncipe...

(Gracias Shai... por todo) 

Comentarios

Shaitan Luminos ha dicho que…
Hay conexiones místicas entre los Tremere que son dificiles de cortar. A buen seguro, que el principe de esta historia se cuidó de reforzarlos llevando consigo objetos cargados de energía de sus seres queridos para que estos vínculos se mantuvieran.
Tambien tengo entendido que los Tremere tienen los recursos necesarios para que nada escape a su conocimiento.
Así que seguro que, como dices, sigue velando, mientras recupera sus fuerzas viajando por líneas telúricas y alimentandose de la vis de la Tierra (bastante escasa en estos tiempos, por cierto :P)

Muasssssss
Anónimo ha dicho que…
morri es precioso,me a encantado tu blog,un beso del guerrero de las tinieblas.muakssss

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