¿Quién eres tu para negarte a la aventura?

¡Qué triste!
Lo dice la ciencia, se atreve a hablar de amor sumando química por aquí y feromonas por allá.
No sé tu pero yo cuando me enamoro lo primero que pierdo es la razón. Después la boca, la madurez, el miedo, las risas y caricias, la vergüenza y por último las bragas.
¿Para qué quiero el raciocinio si con un sólo beso me basta para sentirme viva?
Y lo que tenga que venir, vendrá. Y lo que tenga que suceder... Sucederá.
Que no nos vale de nada anticiparnos al dolor, tener miedo a enamorarnos y a equivocarnos, a lanzarnos sobre el agua en plancha pensando que quizá nos ahoguemos.
¿Y si flotamos? ¿Y si sobrevivimos? ¿Y si por una vez no sufrimos?
No conozco a nadie con miedo que haya triunfado: los miedosos se quedan en casa, se reprimen. Se estancan, no se mueven. No hacen ruido, no disfrutan.
Los miedosos son los primeros en morir, los que se queman, los que se ahogan, los que nunca salvan a nadie. Así en la vida, así en el amor... Los que dejan su tren marchar por no atreverse a frenarlo a tiempo, los que observan a alguien que le gusta y nunca dirá nada. Se quedarán siempre en su trabajo por miedo a crecer, a evolucionar. Nunca se manifestarán ni alzarán la voz, nunca harán nada por los demás.
El miedo calla, el miedo otorga. El miedo guarda más en su silencio que millones de libros en sus palabras. El miedo nos detiene, nos paraliza. Nos habla bajito al oído y nos dice NO, no te metas en esto o en lo otro, te complicará la vida. Con miedo no hay madres que tengan hijos, ni invitaciones a un baile. Ni saltos al vacío ni libros con final.
Imagínate dejando atrás el miedo de pensar que el que ya se marchó era el auténtico y retoma sin miedo la idea de que el que venga será el de verdad.
Todo puede suceder en el momento menos sospechado... Y ¿quién eres tu para negarte a la aventura?
Morri ♥


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